PARTIDA
-¡Señora! ¡Dese prisa! ¡Suba!
-Por favor, no me agobie. Aún debo acomodar mi falda, repasar mi discurso, dejar la lista de la compra y cerrar la maleta.
-¡Señora, por el amor de dios!
-Que no. Que le digo que espere un momento, caramba. Si es que no tengo muy claro que mi marido ni mis hijos sepan que me marcho. Y he de regar la azalea, que si no, no florecerá en Navidad y debo recordarle a Paquita que aspire los sillones en mi ausencia.
-Señora, esto no es serio.
Y Caronte, sin un ápice de humanidad, apremiado por seguir su viaje, la deja en la barandilla del balcón, verde carruaje.
-Por favor, no me agobie. Aún debo acomodar mi falda, repasar mi discurso, dejar la lista de la compra y cerrar la maleta.
-¡Señora, por el amor de dios!
-Que no. Que le digo que espere un momento, caramba. Si es que no tengo muy claro que mi marido ni mis hijos sepan que me marcho. Y he de regar la azalea, que si no, no florecerá en Navidad y debo recordarle a Paquita que aspire los sillones en mi ausencia.
-Señora, esto no es serio.
Y Caronte, sin un ápice de humanidad, apremiado por seguir su viaje, la deja en la barandilla del balcón, verde carruaje.
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