Domingo
Hay un olor especial en el aire esta mañana. Otra más que no vamos a atrapar juntos, lo sé, y que pasará. Es un domingo que huele a campo recién lavado y que me permite ver desde la terraza, la última porción de tierra que el mar baña. El sol no se ve. Simplemente lo noto: siento un calorcito atrevido que se va metiendo entre los pliegues de mi ropa y que calienta mi cuerpo. Mientras, bebo un cortado. Y saboreo también el placer casi pecaminoso que me producen los rayos de ese sol aventurero. Lo dejo hacer. Ya sabes que el sol es mi debilidad. E inevitablemente, pienso en ti y sonrío. Sé que en otra parte disfrutas de casi el mismo despertar y que, igual que yo, diriges tu mirada hacia donde está tu corazón, algo más lejos de lo habitual este primer domingo de un nuevo año. Esta mañana la serenidad es mi aliada y me hace saber que puedo ser cualquier mujer. Y siento la paz que me da el haber elegido ser la que soy y el haber elegido quererte como lo hago.