TERAPIA
Mientras ojea Holas y Diez Minutos de cuando Franco era corneta, nota que el sudor que le produce el calorcillo de los sillones de escay, hace que se vaya deslizando despacito hacia el suelo. Ser un elefante de porcelana china, no ayuda: su enorme culazo hace un “chiiiiiiiiiiiiiiiii…” tan delator como desagradable cada vez que se empuja hacia arriba. En la sala de espera de la Dra. Santos - (Lda. en Psicología Clínica)- hace mucho que no funciona el aire acondicionado . “Yo, aquí, no vuelvo” , piensa cada vez que tiene cita. — ¿Es usted feliz?— la doctora Santos, Lda. en Psicología Clínica , sin mirarlo casi, se atusa el pelo y responde a un whatsapp. Así, joven y faltona. —¡Acabáramos!— el elefante sufre un violento ataque de nervios y estalla. La consulta queda hecha un asco: cachitos de porcelana por todas partes, la chaise-longue completamente rajada y una rabia tan, tan negra que ha dejado la estancia hecha un pozo.