Cómo agota...
Pasado el primer impulso, te sorprende y luego, te das cuenta. Llega como una revelación pero progresiva y sigilosa. Sin casi notarlo, te vas convenciendo...Y, de pronto, está ahí; como desde hace un millón de años. Estás cansada. Harta. De nuevo, harta. Es como la visita a la peluquería, a cortarte las puntas y a darte algo de color: no sabes cuánto lo necesitabas hasta el día en el que decides ir, sin retrasarlo ni un segundo más. Pero tu pelo, que se ha ido estropeando poco a poco, día a día; que lo has estado viendo, a ratos, casi nunca de frente sino sesgadamente y por unos instantes cada vez, te devuelve una tú insoportablemente irreparable ya. Y te dices que hay poco más que hacer en tu desastre. Pues así pasa con el amor. Todos los días tu melena ondea al viento y pregonas que estás enamorada de él. Saltas por encima de las dificultades y los impedimentos, de sus niños y su mujer, de todos los miembros de su entorno y de todos los qué dirán y los para no hacer daño a nadie. ...