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Mostrando entradas de enero 26, 2009

EL ARMARIO

Hay un inmenso armario en el fondo de mi infancia. De pino oloroso, suave, macizo y delicadamente barnizado, con unos tiradores bien torneados y sensuales por los que me chiflaba pasar las manos.  Tenía cinco grandes puertas que me miraban inexorables, mientras yo sufría el sarampión en una cama empapada en sudor y Vick’s Vaporub. Era un mueble que definía a mis abuelos: dos puertas para ti y tu vida; dos puertas para mí y la mía. Y la de en medio, nuestra puerta. Así eran ellos. Cada uno con su historia. Diferentes por separado, y juntos, también diferentes. Curiosamente, me transmitieron también su forma de ver la vida. Pero ése es otro recuerdo. Cuando mi abuela dejaba de atormentarme con jarabes y pinchazos, yo me levantaba sin hacer ruido, de puntillas y abría aquella especie de cueva de Alí Baba de los misterios. En el lado de Tete, encontraba siempre preciosos tesoros. Una caja cuadrada de fieltro verde con decenas de botellitas de esencias: vainilla, bergamota,...