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Mostrando entradas de enero 27, 2009

ANÓNIMAS

Tras el visillo, sólo puede ver un poquito de calle. Se sienta con su café hirviendo y amargo, para husmear, en general y esperando verla como cada mañana, en particular. Debe tener unos cuarenta. O unos cincuenta. O incluso unos treinta y ocho. Tampoco importa. Su corazón le advierte de que ella va a salir del portal y, mientras se parapeta tras su anonimato, comienza el ritual: la ve con el pelo largo, algo ralo y mojado; impecablemente vestida y cargada con mil bolsas que parecen querer desequilibrarla a cada paso. La mujer se acomoda los zarcillos y el colgante de plata, en un único e imposible gesto; se hace la señal de la cruz dos veces, por lo que –ya está claro- no es que sea católica, simplemente es supersticiosa; busca en el bolso, mirando al cielo, las llaves del coche. Piensa que es una tarea tan difícil como acertar con un tornillito de mecanismo de reloj a la primera, pero sabe que ella lo ha conseguido en cuanto ve su sonrisa. Ante la proximidad de su último acto, sient...