ALGO DE MÍ
--> Me gustan las tardes de los viernes. Pero de todos los viernes de toda mi vida: huelen diferente, como a calle sin coches para jugar en medio a la soga y sin miedo. Me reconcilio con el mundo si despierto sin dolores en la cintura, en las dorsales o en el alma. Me entusiasma comprobar que, cada mañana, la robinia gigante que crece frente a la carretera, le gana en aroma a los tubos de escape de las motillos de mi pueblo. Encuentro un placer íntimo al acertar con el abrigo negro de lana, los vaqueros, la camisa blanca y las botas más toscas que tengo en la zapatera. Canto mucho mejor dentro de mi coche que en cualquier otro escenario y si voy llorando, se me agranda el alma. Me gusta el calorcillo que siento en el esófago con un chupito de licor de ron Santa Teresa con naranja; no hace falta que haga frío ni esas sandeces: brindar por el mar, sola en mi terraza, es la mejor excusa. Me gustan –adoro- mis guirnaldas de luces navideñas. Son pequeñas. No tintinean ni t...