La mousse de chocolate

"Meri -los amigos, ya se sabe, bautizan con afecto y a destajo cuando les da un ataquito de cariño-, vamos a La Playita (restaurante mega-mono y mega-barato, te lo juro para siempre) y nos echamos un vino en ese Norte. Venga, mujer, sal un poquito, guapa, que te estás amojamando..."

Y yo, que soy de todo menos prudente, paso de mi hipoteca, me pongo por montera mi mensualidad del coche y los sabios consejos de mi madre y me echo a la calle, a unas risas alcohólicas. Pero alguien -no viene al caso señalar con el dedito, que una es muy fina y educada en los mejores colegios-, invita a un petardo de señor, separado, cincuentón y más acabado que la Mirinda. "Que si yo era, que si yo hacía, que si mi mujer... bueno, mi ex, como se dice ahora.." ¿Ahora? ¡Pero, madre del amor hermoso! ¡Imbécil! -reflexioné con serenidad-. Y en una noche interminable, me tengo que tragar mi ensalada de quesos y mis empanadillas de guayaba con unas dosis importantes de bilis: un horror, queridos...

Total, que allí vemos a una servidora, monisísima de la muerte, sentada frente a un tío incomestible -desde cualquier punto de vista- y aguantando las miraditas tipo "no-me-dirás-que-no-está-bien-para-ti-que-a-tu-edad-a-ver-qué-más-puedes-pedir-guapita" de mis ex (ya, hoy) amigas y deseando que alguien -dios, alá, E.T. ...- le meta un tapón en la boca y/o una cremallera en el cerebro a aquél y, así, me dejen regresar a mi sillón, mi mando a distancia y mi camiseta de "estar sola".

"Señores, ¿les apetece postre?". ¡Sí, sí, pour l'amour de dieu! ¡Algo que me endulce este trance!, pienso. Helado, yo; pannacotta (¿se escribe así?) una pérfida que ya no se encuentra en el reino de los vivos desde aquella noche; y éste se pide una mousse. ¡Una mierda! ¡Le sirven una mierda! Lo juro: ¡una mousse en forma de caca, con su rabito hacia arriba, como salido del mismísimo!

Por favor, entiéndanme. Para mí, fue como si en aquel momento los planetas se alinearan, Marco encontrara a su madre y comprendiera el por qué de la inmortalidad del cangrejo rojo de río. Se trató de un caso de justicia, demonios. Y de la divina de la muerte.

No suelo ser mala persona, pero es que cuanto más años cumplo, menos aguanto a los predicadores, agoreros y toca pelotas del Universo. ¡Qué se le va a hacer!

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