Reina mía.
Esta es la portada del Diario de Avisos de hoy. Igual no lo aprecias por el tamaño de la foto, pero, de izquierda a derecha están: un señor, D. Miguel, una señora y el encargado del pregón, en un fiestorro que tuvo lugar anoche en La Noria -te mando el archivo pequeño para que no estés media hora descargándolo-. Cada vez que la miro, encuentro un comentario más que hacer a la dichosa fotito...
Lo primero que pensé fue: "¡Coñiiiioooo.. la peñita! ¡Por dios! ¡Que todavía no ha nacido el Redentor -na, na, na- y ya estamos en plan carnal irreverente! En fin, que nos apuntamos a un bombardeo en el lintre, vamos: con ver las bombas con una careta y una batucada pintadas, ¡hala!, ¡a llenarse de lentejuelas! ¿Y esos vecinos de La Concepción y La Noria? ¿Quién vela por el descanso de esta gente? ¿Su corporación municipal? ¡Pero si están todos en primera plana! Por cierto, para mí que hubiese sido más decentito presentar el cartel carnavalero, en un acto comedido, de esos que no levantan mucha pupa cuando uno quiere dárselas de moderno y aprueba una imagen de una chica que se tapa los ojos debajo de un antifaz... (¿qué quiere decir? ¿que se permite todo? ¿que mi madre no me tranque? ¿Ópticas San Agustín? ¡Ay, no sé...!)
Ésta fue mi primera impresión, como te dije: la indignación militante y el desasosiego que me produce desde hace muchísimo el Carnaval de aquí.
Pero como todos mis amigos saben, me puede la maruja que llevo dentro. Cuando llegué a casa, me detuve otra vez en la imagen. Y otra vez. Y otra. Y me reí. O mejor, sonreí como D. Miguel: con la boquita de piñón, con el ojito de medio lado, tontorrón, melopeico... Y liberado detrás de la careta, que mañana dirá que es muy veneciana y muy “in” y muy lo-que-tú-quieras, Miguel. Pero que a mí sólo me hace pensar, con tanta pluma y tanto sol de Comedia dell’Arte: “Hijo mío, tú no te pongas careta. Tú, quítatela de una vez. ¡Nos iba a ir a todos tan bien...!”
¡Diviértete, reina! Feliz Carnaval.
Diciembre de 2004
Lo primero que pensé fue: "¡Coñiiiioooo.. la peñita! ¡Por dios! ¡Que todavía no ha nacido el Redentor -na, na, na- y ya estamos en plan carnal irreverente! En fin, que nos apuntamos a un bombardeo en el lintre, vamos: con ver las bombas con una careta y una batucada pintadas, ¡hala!, ¡a llenarse de lentejuelas! ¿Y esos vecinos de La Concepción y La Noria? ¿Quién vela por el descanso de esta gente? ¿Su corporación municipal? ¡Pero si están todos en primera plana! Por cierto, para mí que hubiese sido más decentito presentar el cartel carnavalero, en un acto comedido, de esos que no levantan mucha pupa cuando uno quiere dárselas de moderno y aprueba una imagen de una chica que se tapa los ojos debajo de un antifaz... (¿qué quiere decir? ¿que se permite todo? ¿que mi madre no me tranque? ¿Ópticas San Agustín? ¡Ay, no sé...!)
Ésta fue mi primera impresión, como te dije: la indignación militante y el desasosiego que me produce desde hace muchísimo el Carnaval de aquí.
Pero como todos mis amigos saben, me puede la maruja que llevo dentro. Cuando llegué a casa, me detuve otra vez en la imagen. Y otra vez. Y otra. Y me reí. O mejor, sonreí como D. Miguel: con la boquita de piñón, con el ojito de medio lado, tontorrón, melopeico... Y liberado detrás de la careta, que mañana dirá que es muy veneciana y muy “in” y muy lo-que-tú-quieras, Miguel. Pero que a mí sólo me hace pensar, con tanta pluma y tanto sol de Comedia dell’Arte: “Hijo mío, tú no te pongas careta. Tú, quítatela de una vez. ¡Nos iba a ir a todos tan bien...!”
¡Diviértete, reina! Feliz Carnaval.
Diciembre de 2004
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